En la Antigüedad no existía la botella de vino que conocemos hoy, fue el ánfora, un recipiente de barro cocido con una capacidad de 25 a 30 litros, el medio de transporte del vino.
Después de la caída del Imperio Romano, y tras el paréntesis de la Edad media, su transporte continuó realizándose en recipientes de madera, utilizando sobre todo la de roble, por ser una especie abundante en la zona de producción de los vinos, y por sus propiedades de impermeabilidad, dureza y resistencia.
El embotellado de los vinos tiene como misión fundamental, además del fraccionamiento del producto para su mejor distribución y venta en el mercado, debe contribuir a su correcto transporte, almacenado y conservación de las propiedades del vino dentro de la botella. En el caso de los vinos de crianza y reserva, la función del embotellado debe permitir la correcta maduración y evolución del vino hasta alcanzar un punto óptimo para su consumo.
(más…)
