A lo largo de los últimos años se puede observar una pequeña tendencia en la producción de vino. Las cosas se hacen diferente, con otro tacto y otros objetivos. Se avecina una pequeña revolución. La revolución de los vinos viene de la mano de aquellas personas que han necesitado salir de su tierra, de sus orígenes, para entender su verdadero valor. El valor de lo diferente, de lo autóctono, de aquellas pequeñas cosas que dotan de carácter y personalidad a cada lugar.

A diferencia de otros cambios de tendencia protagonizados por grandes bodegas, esta «revolución» viene principalmente de pequeños productores, personas con un viñedo o bodega familiar con ganas de reivindicar su forma particular de hacer las cosas. Son este tipo de viticultores quienes han puesto en marcha gran variedad de proyectos que ponen el foco en las características auténticas de sus viñedos o las variedades de uva que cultivan. Para sacar el máximo provecho de las cualidades de sus productos, algunos de ellos se han atrevido a innovar en la manera de criar y madurar sus vinos o recuperar viñedos olvidados.

Esta fuerte apuesta por las variedades de uva autóctonas no sólo se lleva a cabo por productores o bodegas privadas, sino que algunos organismos públicos como el Itacyl (Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León) están llevando a cabo iniciativas muy interesantes. Tanto es así que las uvas autóctonas van ganando protagonismo: en Tarragona ha aumentado en gran medida la elaboración de vinos con variedad Trepat. En el Penedés, la Xarel.lo cada vez se usa más, y podemos ver como bodegas aragonesas y navarras apuestan con orgullo por la Garnacha.

Adaptarse al cambio

Además, el aumento de las temperaturas a causa del cambio climático ha favorecido a algunas variedades. La Sumoll, por ejemplo, ha comenzado a utilizarse más debido a su adaptabilidad a temperaturas altas sostenidas. Esto, por otro lado, ha hecho que algunos viticultores busquen mayores altitudes y temperaturas más bajas con el fin de alargar al máximo el proceso de maduración de la uva para preservar su acidez durante más tiempo. Los expertos del mundo del vino constantemente se adaptan a los cambios, buscando ofrecer un producto exquisito. Tratan de aprovechar al máximo los terrenos, los climas, las zonas, los entornos, lo que permite conseguir una gran variedad de vinos.

Este último puede ser, quizás, el motivo por el que el sector del vino se encuentra en un muy buen momento. O quizás lo sea el arraigo a nuestras raíces. Además de ser el país con más viñedos del mundo, las estadísticas muestran un evidente gusto por este componente imprescindible de nuestra gastronomía. Un aliado que nunca falta en los momentos memorables y el cual hay que cuidar y preservar con mimo y cuidado.

En Ebrocork nos gusta describirnos como «el guardian del vino», ya que sentimos un gran respeto por el producto que ayudamos a conservar. Los tapones de corcho que fabricamos son, en esencia,
el elemento indispensable para mantener el vino en condiciones óptimas a lo largo del tiempo. Apostamos enormemente por la innovación y la calidad, tratando de mejorar los procesos de fabricación para conseguir un tapón de la máxima calidad que supere las expectativas.