La subida de temperaturas y la falta de agua están adelantando la maduración de las múltiples variedades de uva disponibles en los viñedos españoles. «Probablemente sea el cultivo más afectado por el cambio climático», explica Vicente Sotés, catedrático de Viticultura de la Universidad Politécnica de Madrid.

“El aumento de las temperaturas ha cambiado el ciclo de la vid. En los últimos 50 años, todos los viñedos en Francia han adelantado un mes la vendimia», advierte Iñaki García de Cortázar, director del laboratorio de Agroclim del Instituto Nacional de Investigación Agrícola, Alimentaria y Medioambiental francés (INRAE). «Se nota en el ganado, en
las flores que florecen antes y también en los viñedos», comenta Javier Sanz, viticultor castellano leonés y responsable de la Bodega de la D.O. Rueda en La Seca. «El año pasado acabamos la vendimia el 25 de agosto y lo normal es que sea para principios de noviembre», añade.

«En el periodo de 1950 a 2014, la temperatura media en nuestra Denominación de Origen ha subido entre 0,9ºC y 2ºC», advierte Pablo Franco, director técnico en el Consejo Regulador Denominación de Origen Calificada Rioja. «Esta situación es extrapolable a cualquier otra región». Este aumento de las temperaturas impacta en la temporada de
crecimiento de la uva que definirá cómo será el vino y cuál será su sabor. Un clima caluroso y con muchas horas de luz provoca que los frutos de las vides sean más dulces y menos ácidas.

Pero el calor no sólo es enemigo de los cultivos, la falta de agua también se presenta como un problema acuciante. Según las previsiones de los expertos, en las próximas décadas habrá un 17% menos de disponibilidad de agua en el área mediterránea. Teniendo en cuenta que para elaborar una botella de vino se necesitan entre 800 y 900 litros de agua, podemos darnos cuenta de lo complicado de la situación.

cambio climatico en el sector del vino

Cómo reducir el impacto del cambio climático en el vino

La pronta maduración alcohólica, a causa del aumento de temperaturas y la falta de lluvias, ha provocado una reducción del ciclo de la vida de la vid. Esto ha llevado a «un mayor trabajo de la bodega», según Javier Sanz, con técnicas como la de hacer una poda tardía para retrasar la maduración.

A pesar de estas medidas de mitigación para salvar las cosechas, se estima que el 56% de las áreas en las que se produce vino del mundo no serán viables. En el proyecto LIFE MIDMACC, los investigadores del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) han estudiado cómo adaptar la viticultura en la montaña media.

Esta iniciativa que ya se ha puesto en marcha en bodegas como la de Familia Torres, del Penedés, que ha trasladado parte de sus viñedos al pirineo catalán para compensar la subida de las temperaturas y poder mantener así a más altitud la calidad de sus vinos. «Puede ser una solución, pero esa superficie está limitada», advierte Pablo Franco. «No
podemos volvernos locos y arrancar 65.000 hectáreas que tiene esta denominación de origen y llevarlas a la montaña, eso no se puede hacer».

Descartado el traslado, Iñaki García de Cortázar propone que «la solución es hacer viñedos resilientes que puedan soportar los fenómenos meteorológicos«. Desde 2019, 16 centros de investigación de España se han unido para desarrollar Minorvin, un proyecto que quiere poner en valor la biodiversidad existente en variedades minoritarias de vid recuperadas en España evaluando su potencial sobre la mitigación de los efectos del cambio climático en la viticultura.

Desde Ebrocork apoyamos esta y todas las medidas encaminadas a paliar los efectos del cambio climático en el vino, así como nos involucramos en la implementación de todas las técnicas que nos permitan navegar tiempos de posibles crisis, mientras buscamos soluciones a todos y cada uno de los problemas que se ciernan sobre la viticultura.